Categoría: Opinión Publicado el Lunes, 25 Julio 2011 12:19 Escrito por Hernán Daicich Visitas: 798
A una semana de las elecciones porteñas todavía se siguen preguntando, ¿cómo remontar la brecha? No hubo, o no se publicaron, las encuestas que pagó el gobierno y que en la mayoría de los casos a 3 días mostraban que estaban cerquita y descontando. Es cierto que ahora todos se lavan las manos, que dicen haber pifiado por el votante independiente, el que eligió a último momento en el cuarto oscuro. Que la cantidad de indecisos rompió la lógica de inclinarse en las tendencias planteadas, y no sé cuantas otras excusas. Tantas como las que se deben escuchar hasta el día de hoy en Tierra del Fuego, cuando Fabiana Ríos revirtió una segunda vuelta donde los mismos gurús de las encuestas le daban, al cierre del comicio en boca de urna, una aplastante derrota de 10 puntos; y terminó ganando por 1000 votos. Esos consultores miran con asombro la estrategia de Durán Barba y como logró encausar al electorado para que le diera a Macri semejante victoria. Hoy no pueden explicar cómo lograrán acortar esa ventaja el 31 de julio. Si es que hay segunda vuelta.
Como si fuera poco, las palabras de Fito conmocionaron al electorado y se multiplicaron en intentos de despegarse, por parte de Daniel Filmus, para no profundizar la brecha de 20 puntos con la que cerró la contienda. Brutal, sanguíneo, apasionado, el artista mostró sus dientes y descolocó los ejes de la campaña para los próximos días. Caerle a Paez sería mostrar un reduccionismo de análisis que recorta la profundidad de la era política que vivimos. A todo o nada. No importa manchar figuras que nada tengan que ver. Sumar a cualquiera aunque en el medio no se sepa bien para qué. Debates vacíos de contenidos, donde plantear aunar fuerzas con el gobierno nacional pero sin saber por qué.
Es cierto que Macri habla de felicidad y unión, cual pastor religioso, pero las acciones del gobierno nacional hablan de diferencias que dividen y ahí Mauricio gana. ¿Será por eso que la mitad le da asco?
Es así que sin intervención directa, se puede obtener un texto que tranquilamente se le puede atribuir a cualquier funcionario de gobierno o militante de la causa. Claro que si la firma es de un atractivo artista popular, un referente de organismos de derechos humanos, un intelectual de renombre, o cualquiera que genere tracción al modelo del gobierno popular, mejor. Tampoco es menor que se haga desde los escribas del proyecto, desde páginas rentadas o medios acólitos. Ellos saben cuando, o creen saberlo. Hoy, a la luz de los hechos, se lo deben haber replanteado. Quien auditó la publicación de la carta, ¿seguirá en el diario? Algo similar pasó con el rechazo a la participación de Vargas Llosa. Si hasta tuvo que salir la propia presidenta para que no siguieran embarrando la cancha.
Y ojo que no planteamos esconder el debate, que no pedimos artistas o intelectuales edulcorados; simplemente que no se los manche con barro que les es ajeno. Que se los preserve del escarnio berreta en el que se acostumbra a situar todo.
Entonces, por qué ganó Macri con su discurso vacío. Será tal vez porque, algún sector, notó el doble discurso que se le opone. Será que nadie cree las mediciones del INDEC, que la inflación golpea en la góndola más que los números de Moreno, que se sienten estafados cuando falta nafta y les dicen que sólo son largas colas. Que se quejan de la manipulación periodística pero ven a los propios hacer lo mismo. Que la confrontación lo es todo sin importar a quien perjudique. Cómo se puede evitar el doble discurso y acordar llevar a Menem en la misma boleta. Cerrar filas con Insfrán, Gioja o Sapag. Será que no les cierra que se pueda tener de aliado a Julio Grondona para limpiar los espurios contratos del futbol argentino. Que es gratuito Moyano, Zanola, Pedraza, Martínez. O que la gente se olvida de Jaime, Capacioli, Wilson.
Y desde ya que nadie quiere lavarle la cara al macrismo, pero cuánto hicieron para parecérseles. O no es una estadística valida que el 70% de los proyectos legislativos los hayan encontrado asociados en el voto. No digo que no se puedan encontrar consensos, pero cuando se opera en los medios lo contrario a lo que se vota en el recinto; es llamativo.
Ahora hay que afrontar la encrucijada: forzar la segunda vuelta y ampliar la brecha, golpeando al gobierno nacional a 15 días de la elección abierta, simultánea y obligatoria con un escrutinio que se vislumbra para el electorado como “cosa juzgada”; o bajarse y emular a Carlos Menem en la elección del 2003. Todas estas pueden ser algunas de las causas que expliquen los 20 puntos que separan a ambos candidatos. Pero cuando se habla de mala comunicación, hay que escuchar qué discurso se tiene y qué se ejecuta.