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Felicidades

Fin y comienzo. Época de balances. Algunos son más minuciosos, claro. Puede que resaltemos algo, no más de una decena de los hechos más contundentes, de los que dejan marcas, para bien o para mal. O también que decidamos, como en las revistas positivo o negativo, de acuerdo con cada ítem a repasar; y con eso chau, otra vez al presente. A vivir la realidad, porque como dice la canción: …el tiempo no para…

 

En el 2011 la cosa empezó con incertidumbres y cerró con certezas. Me refiero, claro, a la conducción política. De por sí, todos los años suelen marcar el mismo pulso, las vacilaciones del comienzo, son certidumbres con el paso del tiempo. Pero la mirada está puesta en el repaso de las cosas que se jugaban, de aquí en adelante y por un lapso de tiempo que superara los próximos 365 días. Podríamos aglutinar las resultantes del año en una frase: Ganaron los oficialismos, y no estaría mal. Es verdad que hay excepciones que confirman la regla, pero no se trata de hilar tan fino. En materia de elegir, se fortaleció a los que estaban. Las variantes fueron muchas, no sé si claras, y ni que hablar de los análisis, pero a la hora de optar la respuesta de la mayoría fue: siga, siga… como en el fútbol.

El tiempo, en todo caso, dirá si hubo errores y tal vez nos dé la posibilidad de corregirlos. Pero en estos días las historias hablan de otras cosas. En el aire no se respira nada que tenga que ver con la política, aunque forme parte de la agenda periodística. En el almacén, en el supermercado, en los lugares cotidianos, la mirada es otra; porque llegaron las fiestas.

En estos días lo que más se escucha decir es: Felicidades. Y no es que me ponga filosófico ni mucho menos, sólo que me intriga saber que queremos decir cuando deseamos felicidades.

No caben dudas que lo primero que intenté fue la búsqueda de lo que significa ser feliz, diccionario de por medio me encontré con Aristóteles y con él su manera de mirar. Intentaré no GRONDONISARME para no perder la línea.

Aristóteles sostiene que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, pero que es difícil definirla y describirla. Para algunos puede relacionarse con los placeres; honores en otros casos; o cierta relación con el conocimiento intelectual, todo depende del punto de vista. Lo que está claro es que Aristóteles rechaza eso de que la riqueza pueda ser la felicidad, simplemente porque es un medio o para conseguir placeres u honores. Eso sí, es evidente que, para algunas personas la riqueza es su centro de atención.

Según la mirada de Aristóteles, estos no son más que bienes externos que no son perseguidos por sí mismos, sino por ser medios para alcanzar la felicidad, puesto que es ésta la única que se basta a sí misma para ser autárquica y perfecta. Los demás bienes externos se buscan porque pueden acercarnos más a la felicidad, aunque su posesión no implica que seamos íntegramente felices. Puesto que no por poseer riquezas garantizamos nuestra felicidad. Tampoco solamente la consecución del placer nos hace felices. Normalmente necesitamos algo más para serlo y eso nos distingue de los animales. Aunque estos bienes particulares no basten, ayudan, el bien no puede ser algo ilusorio e inalcanzable. Sin ciertos bienes tangibles, la felicidad será casi imposible de alcanzar. De acuerdo a la mirada de Aristóteles, la felicidad humana se basa en la autorrealización dentro de un colectivo humano, adquirida mediante el ejercicio de la virtud.

La palabras del diccionario se disparan como una cachetada a esta sociedad de consumo donde tener es ser y de ahí a realizarse y ser feliz parece sólo cuestión de tiempo. Realmente implica ser feliz cuando los shoppings están abarrotados hasta la madrugada, cuando Santa Claus aparece con una bolsa de regalos imposible de cargar, es más feliz aquel que toma el mejor vino o quien puede comer caviar. Y ojo que no planteo que todos comamos osobuco, sólo el límite donde poder parar. Uno, dos, tres, siete juguetes, los que recién salieron, los importados, para que se rompan en el suelo si saber con cual jugar. Los electrónicos, uno para cada momento del día, para alcanzar la tan ansiada felicidad. Tener es ser, con mis zapatillas de última moda, con la remera y su marca, porque ya no importa el color, sólo que se lea dónde fue comprada. Así somos, así creemos haber alcanzado la felicidad.

Poco nos detenemos a ver en qué otros momentos les brillan los ojos a un niño. Cuando el abrazo fuerte de un ser querido nos corta el aire porque lo tenemos cerca. Cuando no importa lo que sea, si la mesa es compartida. Estamos felices sin tener, porque estar feliz es un estado de ánimo. No implica posesión, sino la paz por haber alcanzado la meta. Es difícil encontrar el equilibrio, para todos sin excepciones. Para mí también. Tan difícil como saber hacia qué corremos creyendo que ahí está: esa es la felicidad. Simplemente tomémonos un tiempo, en estas épocas de balances, para redireccionar nuestras fuerzas en el camino correcto. A todos ustedes, Felicidades!

Coop. de Trab. La Cuña Limitada. Todo el contenido de la página puede ser reproducido en todo o en parte mencionando la fuente.

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